Es bonito saber que siempre hay una mirada que te contempla, unas manos para levantar un farol en medio de la oscuridad…

Es bonito saber, que siempre hay un beso que a veces no notas, una sombra que te cobija… una persona que no fue creada para echar nada en cara, que en ella no ha lugar para la infidelidad…

Es bonito saber que su caricia siempre perdona, que nos amó desde el primer momento de nuestra existencia, que nos acompañó creciendo aunque a veces no fuésemos ni los más guapos, ni los más listos, ni los más obedientes…

Es bonito saber que nosotros —los antiguos alumnos de este Colegio de Lourdes, sus niños de siempre— llevamos para regalársela una flor de pétalos, una flor de oraciones aprendidas con el alma y envueltas en el corazón…

Es bonito saber, quizás el mayor conocimiento que aprendimos en este Colegio, que tú sigues esperándonos cada día… en una palabra, nuestra Madre de Lourdes.