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Hay una vida después del colegio. Al igual que ocurre en la vida misma, hay un momento en la vida en la que uno se va de casa, pero la casa, de donde uno se va, nunca cierra para siempre las puertas a su hijo. Las puertas del Lourdes están y estarán siempre abiertas a sus Antiguos Alumnos.Leer más...

Colegio Lourdes

Asociación de Antiguos Alumnos

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Los Antiguos Alumnos del Colegio de Lourdes: Historia de una Asociación

“Homenaje de los Antiguos Alumnos al Colegio de Nuestra Señora de Lourdes en el cincuentenario de su Fundación, Valladolid 1935”. Así se titulaba la portada de una voluminosa publicación que salió a la luz al año siguiente de celebrarse los primeros cincuenta años de vida de este centro. Parecía que la iniciativa había partido de aquellos estudiantes que fueron y que se habían convertido en los días difíciles para la enseñanza religiosa, en un escudo importante en la conservación y perpetuación del centro. En sus páginas interiores se podía leer que el “mejor recuerdo de las Bodas de Oro” había sido la fundación de la Asociación de Antiguos Alumnos, precisamente en aquel 1935, hace ahora ochenta años. Tenemos documentado que los que habían estudiado en el Colegio de Lourdes, en repetidas ocasiones se habían hecho presentes en la vida cotidiana y festiva de este centro. Una preciosa foto ilustraba el amplísimo grupo que rodeó a algunos de los Hermanos en la conmemoración de las Bodas de Plata en 1909. No faltaban en la misma, los uniformes militares, gorras, chisteras, hongos y algunos sombreros clericales, pues casi todo el mundo se cubría entonces la cabeza. En el centro de la composición se encontraba el H. Director, Joviniano Luis.

Con la adhesión de los antiguos alumnos 

Cuando a partir de las elecciones municipales de 1931, se proclamó la II República y las Cortes elaboraron una nueva Constitución. Se abrió un profundo debate sobre la enseñanza en manos de las órdenes religiosas. El primer efecto de la misma habría de ser, desde el artículo 26º del texto constitucional, la disolución de la Compañía de Jesús en España y el cierre de sus obras. Fue el caso del Colegio de San José de Valladolid, que buscó una solución en el exilio portugués, cuando se abrió un gran centro de los jesuitas en el balneario de Curia, cerca de Coimbra. A punto estuvo el Colegio de Lourdes también de ser trasladado a aquella ciudad universitaria portuguesa. Los Hermanos de La Salle supieron hacer frente a las limitaciones que la Ley de Congregaciones ponía a través de diferentes medidas que permitieron mantener sus obras educativas abiertas. Era difícil pensar, desde las autoridades gubernamentales, que aquellas comunidades de más de cuarenta hombres solteros no eran religiosos aunque lo simulasen. No era posible desarmar la totalidad de la infraestructura educativa anterior.

En ese momento, los antiguos alumnos y sus asociaciones siempre fueron vitales. Ocurrió con las propias de los jesuitas, fundada en el caso del Colegio de San José desde 1919, editora de la conocida revista “Vallisoletana”. Muchos de sus miembros no solamente escondieron en sus casas efectos propios del centro que interesaba conservar ante la requisa gubernamental de bienes. Acogieron también a los propios jesuitas que, aunque no podían vivir en comunidad, se atrevieron a fundar academias privadas. Las antiguas alumnas se comprometieron en el funcionamiento del de las dominicas francesas. Las monjas las encomendaron temporalmente la dirección del colegio, en la calle Santiago. Las religiosas se trasladaron a la casa de descanso que habían adquirido en las Arcas Reales en 1927, vistieron de seglares y trataron de pasar desapercibidas. Regresaron las dominicas francesas a su colegio en 1934 e inauguraron el jardín de infancia mixto. En ese contexto de grandes dificultades, se estableció la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio de Lourdes.

El director llamó a los antiguos alumnos

Ya se habían producido repetidos intentos hasta que el nuevo director del Colegio, Daniel Benito Olalla —H. Alfredo Jorge— consiguió reunir a un grupo de estudiantes que fueron y formó la Junta Directiva que se constituyó, por vez primera, el 17 de enero de 1935, bajo la presidencia de Eugenio García. Adjunto de la misma fue el propio director. La condición de fundadores la compartieron Ildefonso Pelayo, José Viani, Tomás Vega, Arturo León y Ángel Mata. Con anterioridad, “convocados por el actual Director del Colegio de Nuestra Señora de Lourdes nos reunimos en el citado Colegio el día 16 del mes de Diciembre del año pasado [1934], veintitantos antiguos alumnos para tratar de la conveniencia y posibilidad de organizar la creación de una Asociación de antiguos alumnos de los Hermanos de la Doctrina Cristiana en general; y siendo del agrado de todos los allí reunidos la citada Organización, después de un cambio de impresiones, se nombró a los señores para formar la Junta Directiva Provisional”. Pronto, se empezaron a procurar adhesiones.

Como reconocía el primer boletín de la Asociación, don Daniel, director desde 1933, fue el auténtico fundador. Encabezó las colaboraciones literarias, narrando las impresiones que había recibido cuando entró en Valladolid y conoció dos importantes jardines, el Campo Grande y el “Campo Lindo”, ese amplio jardín que poseía el Colegio, abierto hacia el río Pisuerga y al que animaba a disfrutar del mismo. Don Daniel había llegado a Valladolid procedente de la escuela asturiana de La Felguera, aunque había sido un hombre formado y de formación en Bujedo. Antes concluyó sus estudios en la Casa Generalicia de los Hermanos, cuando ésta se encontraba en Bélgica y había pasado por Marruecos en su servicio militar. Fue el director del cambio, para intentar burlar la Ley de Congregaciones de la República y disimular que aquellos maestros no eran religiosos. También organizó las Bodas de Oro de la fundación del colegio y tuvo que sufrir las grandes tensiones de la guerra civil. Fue acusado, desde dentro del Instituto lasaliano, de haber realizado un desfalco en la economía colegial y el visitador le ofreció en 1937 una salida hacia misiones, en Brasil, donde desempeñó grandes cargos de responsabilidad. Todo ello demostraba que las acusaciones que cambiaron su vida habían sido falsas, volviendo al Distrito de Valladolid treinta años después, donde murió. Este hombre singular debemos considerarlo como el canalizador de las inquietudes fundacionales de los Antiguos Alumnos. 

Uno de los actos de aquellas Bodas de Oro del Colegio, en 1935, fue la bendición de la Gruta de la Virgen de Lourdes en los jardines del Colegio. Tras aquel momento, acordaron reunirse en el salón de actos —era 20 de enero— el primer grupo de exalumnos, a los que se les entregaría la mencionada Memoria sin olvidar —que esto siempre es importante— el cobro de las cuotas del primer trimestre. Según recordaba el abogado y concejal Luis R. de Huidobro, la jerarquía católica había considerado oportuno para la España sometida a un profundo proceso de secularización la intensificación de las asociaciones católicas, caracterizadas por un apostolado activo y fecundo, como ocurría en otros muchos países: “los que pensamos en católico, nos vamos agrupando en toda clase de Asociaciones confesionales que se multiplican por todo el territorio nacional”. Ante este llamamiento, los antiguos alumnos del Lourdes se podían sentir interpelados. Habrían de manifestar solidaridad en el medio laboral entre ellos y comprometerse en la defensa de sus profesores, los Hermanos de La Salle, que habían tenido que ocultar su identidad comunitaria: “mantener entre sus miembros aquellas relaciones de amistad y compañerismo que una misma educación produce, y laborar por cuantos medios se hallen a su alcance y hasta donde sea posible, por el mantenimiento de esa educación en toda su integridad”. Estos objetivos no se reducían a los límites más estrechos del propio colegio sino que habrían de extenderse a los centros dirigidos por los Hermanos en otras ciudades o, incluso, a los que pertenecían a las diferentes órdenes religiosas: la necesidad de un movimiento asociativo católico fuerte frente a las leyes hostiles elaboradas por la República. Se planteaba la fundación de premios o becas para paliar situaciones de necesidad, siempre desde una ayuda “franca, desinteresada y simpática”. Todo ello era muy detallado en los propios Estatutos de 1935. 

La Asociación era “apolítica” y aceptaba espiritualmente la autoridad de la Iglesia, contando como domicilio el propio Colegio de Lourdes. Su Junta General delegaba en una Directiva. La primera estaba formada por los socios de número y protectores, todos ellos mayores de edad y con capacidad de reunirse una vez al año. La de Gobierno disponía de un periodo de dos años de trabajo. La dirección del Colegio contaba con un representante que podía tener la dimensión de presidente adjunto, con amplias facultades. Los socios de número eran los que habían sido alumnos del Lourdes; los protectores contribuían a los gastos de la Asociación con una cuota mínima anual de cincuenta pesetas; los honorarios recibían esta denominación de la Junta General. Por último, los adheridos eran los que habían sido alumnos de los colegios de los Hermanos o habían permanecido en el Lourdes por un tiempo inferior a un año. La cuota de la Asociación, según los Estatutos, era de dos pesetas cuatrimestrales. La disolución de la Asociación podía venir dada por la dirección del Colegio o por un acuerdo de la Junta General. 

Los antiguos alumnos, asociados o no, se convertían en una garantía de la eficacia educativa del centro. Por eso, en la mencionada Memoria de las Bodas de Oro, incluía una amplia galería fotográfica de estos ejemplos, con las más variadas profesiones. Existía, por afinidad y necesidad, una notable comunión entre los profesores del Colegio y los propios antiguos alumnos. Además, la Asociación se dotó de un órgano portavoz, que se habría de publicar todos los meses bajo el título de “Exalumnos de Lourdes”. Su primer número se lanzó, precisamente el 15 mayo de 1935, jornada de connotación lasaliana. Desde un espíritu de colaboración, entre las iniciativas de aquel año se encontraba la apertura de una suscripción pública para recaudar fondos para la reconstrucción del noviciado lasaliano en Bujedo, destruido tras un extraño [¿provocado?] incendio. Se encabezó con cien pesetas.

Los padres de familia y la federación lasaliana

La implicación de los Antiguos Alumnos con los Padres de Familia y el camino de la federación de los estudiantes que fueron, son las coordenadas de la evolución de esta Asociación durante las décadas del franquismo. En el curso 1942-1943 nacía la revista colegial “Unión”. Una publicación para todo el ámbito escolar que sirvió para consolidar la conciencia del antiguo alumno. Siempre en sus páginas, y desde el principio, existirá una sección a ellos dedicada, informando de los avatares de los que tenían mayor proyección social. En el otoño de 1942, a través de sus páginas, el presidente de la misma, el empresario Arturo León, escribía sobre la cierta coincidencia que existía con la Asociación de Padres de Familia. Indicaba que, en 1941, los que componían la de Antiguos Alumnos fueron invitados a ser una filial de la de Padres de Familia. Por una parte, solicitaba a los progenitores que se uniesen a esta infraestructura y, por otra, a los antiguos alumnos, “si sois ya padres —escribía Arturo León—, acudid a nuestro llamamiento. La suscripción es bien módica, una peseta al mes”. 

En los años cincuenta, el horizonte era la celebración del Año Lasaliano y el Tricentenario del nacimiento de San Juan Bautista de la Salle en 1951 —dentro de cuatro años se recordará el tercer centenario de su muerte, ocurrida en 1719—. Se hablaba de la Asociación de Exalumnos lasalianos, con una centralidad de los mismos en el Colegio de Lourdes y un deseo constante por alcanzar una auténtica Federación. Los nombres que constituyeron la Junta Directiva se fueron repitiendo por aquellos años, en Manuel de la Cruz, Ramón Pradera, Luis Cabezudo, Antonio Gimeno Ortiz, el ya escritor galardonado Miguel Delibes, el periodista Leandro Gómez —hermano del mártir Mariano Pablo—, Dámaso Díez Rumayor o Ángel Bariego. Sus Estatutos eran contemplados como modelo para otras asociaciones de Antiguos Alumnos de colegios lasalianos, al tiempo que recibían la Medalla del Centenario en la persona de su presidente. A su vez, el Ayuntamiento de Valladolid concedía la Medalla de la Ciudad a los Hermanos de La Salle, distinción que fue muy celebrada por los que eran sus alumnos. También éstos miraron al maestro de los pequeños desde hacía décadas, el H. Enrique Thelvold, que habría de recibir la Medalla del Trabajo. No dejaban de atender los éxitos del Lourdes en aquellos Juegos Escolares nacionales. Se llegó a plantear la creación de una cofradía de San Juan Bautista De La Salle en 1952 y se trabajaba en la Federación de Asociaciones de Exalumnos Lasalianos. En la provincia podían proceder de cuatro casas: Lourdes, La Salle —antiguo colegio Hispano—, la Santa Espina y la Sagrada Familia, vinculada al Círculo Católico de Obreros. Bimestralmente se publicaba la revista “Después”, órgano portavoz de la mencionada Federación, con amplias referencias a los exalumnos de Valladolid. Con todo, se produjeron diferencias entre los procedentes de diversos centros. El H. Director del Lourdes hacía constar “la necesidad de la unión de todas las asociaciones lasalianas en la Federación”, sobre todo cuando se iba a celebrar el 75º aniversario de la llegada de los Hermanos a Valladolid en 1959. 

En esas Juntas, se solicitó en 1962 que el nuevo tramo de la calle Simón Aranda que se unía con la de Núñez de Arce, se debía llamar de “San Juan Bautista de La Salle”. De gran éxito empezaron a ser los ciclos de las conferencias matrimoniales. No olvidaron, pues algunos habían pasado por allí, la orientación social que asumía el Lourdes tras la inclusión de la escuela gratuita en la estructura colegial, en 1968. Se pedía, dentro de ese espíritu de solidaridad de los antiguos alumnos, que la concesión de plazas gratuitas recayese en parroquianos de San Ildefonso —recordando la intención de la fundadora Paulina Harriet— o en los hijos de los antiguos alumnos más necesitados. En la reunión de 1969, los pianistas Pedro Zuloaga y Miguel Frechilla —el primero antiguo alumno— ofrecieron un escogido repertorio pianístico, “que fue muy aplaudido”. La última Asamblea General que se encuentra documentada de la Asociación “La Salle”, establecida en el Colegio de Lourdes, es la propia de 1971, con la presidencia de José Pardo. Tras la misa —que en aquel año fue celebrada por el antiguo alumno Jesús Rodríguez— acudieron antes de reunirse en asamblea hasta el desaparecido “Monumento a los Caídos”, levantado en el jardín en la primera posguerra, para rezar un “responso por los Hermanos y Alumnos fallecidos”. En su intervención, el asesor H. Marino González felicitaba a los Antiguos Alumnos por su asistencia y saludaba a la representación de los Padres, además de la presencia del Presidente Nacional de la Asociación de exalumnos lasalianos.

La recuperación de la Asociación (desde 2009)

Tras los difíciles años setenta —en los que desapareció aquella revista Unión, fue languideciendo la Asociación de Antiguos Alumnos y creció la de Padres de Familia al calor de la reforma educativa— habrá que esperar a 2009, a que este Colegio de Lourdes cumpliese 125 años, para que de nuevo, su director, el H. Javier Abad, impulsase el renacimiento de la Asociación de Antiguos Alumnos —y de Alumnas, por supuesto—. En el marco de las mencionadas celebraciones se celebró el 30 de mayo una multitudinaria concentración de Antiguos Alumnos. Como titulaba El Norte de Castilla, el encuentro fue de todas las edades, repitiéndose aquella pregunta admirativa: “pero… ¿tú también eres del Lourdes?”. Más de setecientos pasaron por los distintos actos organizados, sus procedencias eran muy diversas y se demostraba que existía un gran potencial.  Comenzaron meses de reuniones de una Comisión Gestora que nació el 24 de octubre de 2009. Borradores de Estatutos, página web, bases de datos y direcciones, en camino hacia la Asamblea General Constituyente de 23 de octubre de 2010. 

Pronto, se destacaba como presidente de la nueva andadura el periodista y el escritor Ángel María de Pablos. Hacía más de treinta años que no estaba presente este colectivo, de manera organizada, en la vida del Colegio. Destacó en la ofrenda a la Virgen de Lourdes en su fiesta o en la organización del “Día del Antiguo Alumno”, sin perder de vista la necesidad de participar en el movimiento asociativo general de la familia lasaliana, con una dimensión internacional. De esta tarea se ha encargado el vicepresidente José Antonio Cecilia. Aunque el número de socios todavía es corto y la participación lenta, no han faltado proyectos como la publicación de su propio Boletín Informativo. Se estableció, desde mayo de 2012, la distinción de algunos de los estudiantes que fueron como “Asociados de honor”. Así ha ocurrido con el que fue presidente de la Diputación, José Luis Mosquera; el médico Félix de Fuentes, cuando ya había cumplido los cien años; el también médico Carlos Vara Thorbeck; el músico y estudioso de la tradición, Joaquín Díaz y el pianista y premio de las Artes en Castilla y León, Pedro Zuloaga. Tras la beatificación de los mártires de España en el otoño de 2013, y por tanto del antiguo alumno del Colegio H. Mariano Pablo, se proponía en la Asamblea de enero de 2014, que este religioso fuese nombrado patrono de la misma, condición que tuvo que compartir con el que lo era de todas las Asociaciones lasalianas, san Juan Bautista De La Salle. El artista vallisoletano Miguel Ángel Soria plasmó la juventud del Hermano y realizó un retrato que ha sido ubicado a la entrada de la capilla colegial, bendecido por el arzobispo Ricardo Blázquez. 

Participan y conservan los antiguos alumnos la memoria del centro, dentro de un mandato plasmado en el lema de su escudo: “Indivisa manent”. Esta permanencia en la unidad hace referencia a aquellos huesos legendarios de los antepasados del fundador que, en batalla, se representaban partidos pero no divididos. Es el mismo tono manifestado en el primer boletín de la Asociación, en 1935: “¡Compañero! Quien quiera que seas, fuere cual fuere tu profesión, vivas donde vivas: nacemos para ligar fuerte y duraderamente el lazo del compañerismo que nos unió en el Colegio”. Si tú estudiaste en el Lourdes, la Asociación te espera, con tu nombre y apellidos.

Javier Burrieza Sánchez, AA. y 

Profesor Historia Universidad Valladolid

1.ANTIGUOS ALUMNOS RODEANDO AL H. DIRECTOR JOVINIANO LUIS EN 1909 EN LAS BODAS DE PLATA DEL COLEGIO

 

2.DANIEL BENITO OLALLA, HERMANO ALFREDO JORGE, DIRECTOR DEL COLEGIO Y FUNDADOR DE SU ASOCIACION DE ANTIGUOS ALUMNOS

 

3.PRESIDENCIA DE LA CELEBRACIÓN DE LAS BODAS DE DIAMANTE DEL COLEGIO CON EL DIRECTOR DANIEL BENITO

 

4.LOS ANTIGUOS ALUMNOS CELEBRAN  LAS BODAS DE DIAMANTE DEL COLEGIO, EN EL MOMENTO DE LA CREACIÓN DE LA ASOCIACIÓN EN 1935

 

5.ANTIGUOS ALUMNOS, EN LA GRUTA DEL JARDÍN CON EL ARZOBISPO GANDÁSEGUI EN 1935

 

6.ANTIGUOS ALUMNOS CON HERMANOS QUE HAN OCUPADO LA DIRECCIÓN DEL COLEGIO JUNTO CON SUPERIORES DEL INSTITUTO

 

7.ANTIGUOS ALUMNOS DEL COLEGIO CON EL HERMANO LEÓN Y EL PRESTIGIOSO MAESTRO DE PEQUEÑOS, EL H. ENRIQUE

 

8.LIBROS DE ACTAS DE LA ASOCIACIÓN CON SU NUEVA JUNTA DIRECTIVA DE 1950 EN LA QUE SE ENCUENTRA MIGUEL DELIBES

 

9.LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS INVITA A UNA CONFERENCIA DEL PRESTIGIOSO HISTORIADOR, HERMANO NAZARIO

 

10.CABECERA DE LA ASOCIACION DE ANTIGUOS ALUMNOS EN EL COLEGIO DE LOURDES

 

11.PORTADA DE LA ULTIMA ASAMBLEA DE LA ASO CIACIÓN QUE TENEMOS DOCUMENTADA EN 1971

 

12.EL NORTE DE CASTILLA INFORMO D E LA CONCENTRACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS EN MAYO DE 2009, PUNTO DE PARTIDA PARA LA NUEVA ASOCIACIÓN

 

13.EL HERMANO VISITADOR JESUS  MIGUEL ZAMORA DELANTE DEL NUEVO CUADRO DEL COPATRONO DE LA ASOCIACIÓN, H. MARIANO PABLO